Fuente Original: http://www.lavoz.com.ar/opinion/el-paradigma-fadea
Paradigma es básicamente una forma de concebir un fenómeno, es decir, el modelo que se adopta para entender cualquier objeto de análisis. Argentina atravesó una increíble crisis económica durante los últimos años, y el partido político gobernante entre 2003 y 2015 adoptó como paradigma la estatización como solución a las grandes coyunturas.
El anterior oficialismo impregnado en una ideología colectivista consumó un sinfín de estatizaciones en empresas que eran privadas, o cuanto menos estaban administradas por grupos privados.
Empresa pública
Estatizar genera un discurso bien intencionado que alude a recuperar y apropiarse de recursos propios para el sostenimiento del gobierno; la contracara es la realidad, una realidad que ha impactado de lleno en la economía de todos los contribuyentes de la Nación.
La empresa pública ha sido históricamente una fuente inconmensurable de pérdidas, y este fenómeno tiene un trasfondo ideológico que rara vez ha sido analizado.
La Fábrica Argentina de Aviones (Fadea) es, quizás, el mejor ejemplo paradigmático de cómo ha funcionado la empresa pública en Argentina durante la última década.
La compañía dedicada supuestamente a la fabricación de aviones tomó cientos de empleados sin concurso previo, violando no sólo el principio de idoneidad, sino que generó puestos innecesarios, los cuales son solventados por los ciudadanos que sufren la presión impositiva.
Toda empresa privada, por regla, intenta maximizar sus ingresos, de allí que el trabajador sea remunerado de modo proporcional a la labor realizada. En Fadea, muy por el contrario, se crearon puestos gerenciales que carecían de valor operativo, sumados a cajas chicas de 10 mil pesos cada una, a las que accedían a voluntad los directivos.
Más de 1.600 empleados –afiliados en su mayoría al Frente para la Victoria, incorporados en el último año– han generado un desgaste financiero inútil para nuestra Nación. En 2015 se registró una deuda superior a los 1.400 millones de pesos, sin reportar ningún beneficio para el país. Esta situación escandaliza aún más cuando la Argentina atraviesa un contexto de apertura al mercado internacional.
En picada
La visita del presidente de Estados Unidos dejó al descubierto que las Fuerzas Armadas argentinas no poseían un solo avión de combate con la tecnología suficiente para resguardar la seguridad de un mandatario extranjero.
No es un detalle menor que la falta de controles en el sector público sea un lecho espectacular para albergar puestos políticos.
Fadea, como tantas otras empresas del Estado, incluidas las provinciales y municipales, se encuentran cernidas en un mar de imputaciones por corrupción. Si hay algo que caracterizó lo público en la última década fue el capitalismo de amigos, situación dada por empresarios afines al poder político que negociaban con el Estado sin asumir ningún riesgo, ya que todo era solventado por el pequeño contribuyente.
Argentina, que tuviera en su momento un lugar privilegiado en el mundo por su tecnología aeronáutica, hoy sólo posee una fábrica de contención. Es oportuno citar ese término de “contención”, porque la gestión anterior disfrazó el desempleo generando miles de puestos públicos que eran sostenidos por el oprimido sector privado.
Esta realidad que vive Fadea se podría proyectar a cualquier empresa estatal que no resiste el más mínimo análisis, desde YPF hasta Aerolíneas Argentinas.
Todo aquel sector que fue estatizado se convirtió en la contención de militantes oficialistas en su momento, que hoy sólo siguen generando una deuda impagable al sistema financiero nacional.
La solución más práctica sería dejar lo que es deficitario en manos privadas y que compitan en el mercado. De esta manera, cuando es propio el capital invertido, se resguardan mejor los márgenes de error y se intenta eliminar toda pérdida, a los fines de maximizar las ganancias.
Mientras Argentina mantenga ese paradigma de conservar lo estatal, aun soportando las pérdidas que genera, por más deuda que se contraiga, el déficit será eterno.
El anterior oficialismo impregnado en una ideología colectivista consumó un sinfín de estatizaciones en empresas que eran privadas, o cuanto menos estaban administradas por grupos privados.
Empresa pública
Estatizar genera un discurso bien intencionado que alude a recuperar y apropiarse de recursos propios para el sostenimiento del gobierno; la contracara es la realidad, una realidad que ha impactado de lleno en la economía de todos los contribuyentes de la Nación.
La empresa pública ha sido históricamente una fuente inconmensurable de pérdidas, y este fenómeno tiene un trasfondo ideológico que rara vez ha sido analizado.
La Fábrica Argentina de Aviones (Fadea) es, quizás, el mejor ejemplo paradigmático de cómo ha funcionado la empresa pública en Argentina durante la última década.
La compañía dedicada supuestamente a la fabricación de aviones tomó cientos de empleados sin concurso previo, violando no sólo el principio de idoneidad, sino que generó puestos innecesarios, los cuales son solventados por los ciudadanos que sufren la presión impositiva.
Toda empresa privada, por regla, intenta maximizar sus ingresos, de allí que el trabajador sea remunerado de modo proporcional a la labor realizada. En Fadea, muy por el contrario, se crearon puestos gerenciales que carecían de valor operativo, sumados a cajas chicas de 10 mil pesos cada una, a las que accedían a voluntad los directivos.
Más de 1.600 empleados –afiliados en su mayoría al Frente para la Victoria, incorporados en el último año– han generado un desgaste financiero inútil para nuestra Nación. En 2015 se registró una deuda superior a los 1.400 millones de pesos, sin reportar ningún beneficio para el país. Esta situación escandaliza aún más cuando la Argentina atraviesa un contexto de apertura al mercado internacional.
En picada
La visita del presidente de Estados Unidos dejó al descubierto que las Fuerzas Armadas argentinas no poseían un solo avión de combate con la tecnología suficiente para resguardar la seguridad de un mandatario extranjero.
No es un detalle menor que la falta de controles en el sector público sea un lecho espectacular para albergar puestos políticos.
Fadea, como tantas otras empresas del Estado, incluidas las provinciales y municipales, se encuentran cernidas en un mar de imputaciones por corrupción. Si hay algo que caracterizó lo público en la última década fue el capitalismo de amigos, situación dada por empresarios afines al poder político que negociaban con el Estado sin asumir ningún riesgo, ya que todo era solventado por el pequeño contribuyente.
Argentina, que tuviera en su momento un lugar privilegiado en el mundo por su tecnología aeronáutica, hoy sólo posee una fábrica de contención. Es oportuno citar ese término de “contención”, porque la gestión anterior disfrazó el desempleo generando miles de puestos públicos que eran sostenidos por el oprimido sector privado.
Esta realidad que vive Fadea se podría proyectar a cualquier empresa estatal que no resiste el más mínimo análisis, desde YPF hasta Aerolíneas Argentinas.
Todo aquel sector que fue estatizado se convirtió en la contención de militantes oficialistas en su momento, que hoy sólo siguen generando una deuda impagable al sistema financiero nacional.
La solución más práctica sería dejar lo que es deficitario en manos privadas y que compitan en el mercado. De esta manera, cuando es propio el capital invertido, se resguardan mejor los márgenes de error y se intenta eliminar toda pérdida, a los fines de maximizar las ganancias.
Mientras Argentina mantenga ese paradigma de conservar lo estatal, aun soportando las pérdidas que genera, por más deuda que se contraiga, el déficit será eterno.
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